sábado, 9 de enero de 2010

¿Qué es un zombie? (Parte III) Sus características físicas

Las características de un zombie son opuestas a las que pudiese presentar cualquier otro ser vivo. Esta particularidad se devine por efecto de su anormal estado de "no-muerte". Entre los principales rasgos físicos de un zombie podemos destacar:

1. Torpeza: Es uno de sus rasgos definitorios. No olvidemos que aquello que ha "poseído" el cuerpo del humano (veremos con posterioridad sus posibles orígenes), no ha vivido en ese cuerpo toda la vida de la persona que solía usarlo, esto es, no ha aprendido a andar como es debido, ni a correr, ni a nadar, etc... Esto hace que la evidente agilidad y coordinación de cualquier ser animal, o humano, sea completamente ajena a un zombie. Por el contrario, ellos se mueven a espasmos, de una forma poco natural, lo que les resta ciertas capacidades motoras que requieran coordinación o movimientos complejos, como puede ser saltar, nadar, bucear, correr, esquivar...

2. Resistencia: Como se dijo anteriormente, los zombies pueden proseguir en su "no-muerte", aún faltándole una, o varias, extremidades. Esto conlleva la existencia de especímenes en estado deplorable, como aquellos a los que les falta todo el tren inferior, y no son más que un torso con brazos y cabeza.
Por otra parte, y aunque los zombies poseen una inexplicable resistencia, también padecen. Debemos entender que ellos no reciben ningún tipo de aporte nutricional (proteínas, grasas, calcio...), por lo que, aunque su piel se libre de la mayoría de los microorganismos, sus huesos no se librán del desgaste, a la postre esto significa un debilitamiento estructural y generalizado de toda su estructura ósea.

3. Longevidad: Debemos entender que significa esto: si un zombie no necesita los pulmones para respirar (recordemos que, como se dijo anteriormente, no realizan la función de nutrición) ¿Qué le impide vivir debajo del agua? La respuesta es fácil: nada. ¿Qué le impide vivir sin alimentarse o hidratarse? Nada. ¿Son, por tanto, eternos? En absoluto, de hecho, tienden a vivir menos que un humano.
La esperanza de vida de un humano al nacer es de 66.7 años (En España, concretamente, es de 80.9 años), pero esto dificílmente lo vivirá un zombie. En teoría, una de estas criaturas habitando una habitación acolchada y aséptica (esto es, sin microbios o gérmenes) podría vivir indefinidamente; pero el mundo no es así, y menos el post-apocalíptico. En él podrá sufrir desgarros en sus carnes (especialmente parte baja), roturas de huesos, etc...que, como dijimos anteriormente, no sanarán. Esto conlleva que, con los años, la mayoría de los zombies tenga que arrastrarse, y al hacerlo, se ejerce un gran rozamiento de la piel contra el suelo, lo que conllvea la erosión de su cuerpo y brazos, quedando finalmente nada más que su cabeza que, separada de su cuerpo, será una presa fácil de ser arrastrada por una corriente, rodar por una cuesta, etc...hasta que sufra una fractura ósea y el zombie muera.

4. Fuerza: ¿Son los zombies más fuertes que nosotros? La respuesta es un no rotundo. Lo que ocurre la mayoría de las veces es que el miedo deja paralizado a un humano mientras el zombie le da el primer mordisco, y luego ya, estamos perdidos. Otra posible situación es que, durante el forcejeo, el humano se haga daño al caer o chocar contra algo, cosa que no le ocurrirá a su rival, y en ese momento de dolor, el zombie aproveche; pero esto no significa que un humano sea físicamente más débil [Se debe comprender que un músuculo en mal estado no es tan fuerte como uno en plena forma].

5. Inmunidad al dolor: Esta característica es de la que hace, a un zombie, un ser tan peligroso. Recordemos que los zombies aguantaban una gran cantidad de daño físico (cortes, mutilaciones, quemaduras...), pero es que, a parte de no morir, no les duele.
¿Por qué ocurre esto? Probablemente la causa que reanimó al zombie no tiene suficiente fuerza como para extender su sistema de control sobre todo el cuerpo, esto conlleva que la estructura nerviosa del zombie se reduzca a la cabeza, y de ahí que sólo pueda utilizar los sentidos propios de la cabeza, siendo el tacto el que le falta (y siendo, por tanto, inmune al dolor).

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